Stilton no paraba de pensar en cómo la besaría, en cómo haría el amor con Leo. Todos los días al levantarse se masturbaba pensando en ella. Sin embargo, aun no tenía claro qué iba a decirle para comenzarlo todo. Un amigo le había reprochado que decir «estoy enamorado de ti» era desaconsejable porque aunque lo viera muy claro, son palabras a las que cada uno da connotaciones diferentes. Le indicó que era mejor ir poco a poco, dejar que las cosas surgieran sin necesidad de hablarlas. Stilton refunfuñó. Estaba convencido de que sus sentimientos eran muy buenos y que no podía ser que no pudieran ser correctamente transmitidos con palabras sencillas. Con unas cuantas frases que no pivotaran siempre en una palabra o expresión particular debería ser posible vislumbrar qué era lo que él sentía y qué no.
En un intento por buscar palabras más claras, Stilton pensó en «me atraes mucho sexualmente». Sin embargo, pensó que sonarían demasiado materialistas. «Pero, por Dios, es que eso es lo que siento desde lo más profundo… esa es la esencia de todo» reconocía Stilton.
Finalmente se convenció de que «me siento muy atraído por ti» era el mejor compromiso entre implicación, realidad y formalidad.
