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Quejarse en una fuente de conocimiento

Gracias a Nieves y la biodanza, Stilton estaba tomando mucha conciencia de sus sentimientos. Cada vez daba más importancia a la relación de pareja que tenía con Lina desde hacía ya muchos años, aunque hacía mucho que la sentía casi invisible. Pero pronto todo iba a empezar a cambiar. Todo aquel entrenamiento ya empezaba a susurrarle que había muchas cosas que no estaban funcionando.

Los primeros pasos llegaron cuando Stilton se convenció a si mismo de que aunque le resultase estúpido y se avergonzara, aunque en principio creyera que no era constructivo ni sirviera para nada, iba a quejarse a Lina de las cosas que no le gustaban en su día a día con ella. Igualmente, iba a decir lo que él quería incluso aceptando que no podría ser concedido, o que Lina no querría dárselo. Puede parecer extraño, pero Stilton creía que no tenía sentido quejarse o pedir cosas cuando pensaba que no había una solución. Como consecuencia, ante las cosas que no le gustaban, se mantenía impasible, bloqueado, con los ojos abiertos, sin decir nada. En parte esta actitud había sido reforzada por las enseñanzas budistas que había recibido, que insistían en que el objetivo debe ser el control interior para manejar las emociones. Por otro lado, Stilton también sentía que dicha acttud estaba ahí por razones mucho más ancestrales y recónditas.

Lo primero de lo que Stilton comenzó a quejarse fue de que quería más sexo. Al principio la conversación tenía el aspecto de siempre, pero esta vez él no se avergonzó de extenderse en la temática, y causas más profundas no tardaron en salir. «No me siento atraído por ti» dijo Lina. Stilton, como el que descubre algo que ha estado siempre escondido y que deseaba ser decubierto, sin ninguna acritud, respondió «Muy bien… eso está muy bien». La besó con ternura en la frente y la conversación acabó con ellos abrazados en la cama y un sentimiento de paz interior en algún lugar de Stilton.