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Las ideas sencillas cogen fuerza cuando vienen de la experiencia

Leo y Stilton se citaron finalmente para dar un paseo por las montañas. Caminarían por las crestas más altas, donde las horas pasarían en el silencio de las cumbres, escurriéndose por las secas laderas de Septiembre. Tendrían oportunidades de sobra para poderse decir todo aquello que la vergüenza les dejara.

Stilton decidió recapitular y trabajar en algunos pensamientos que le habían surgido durante el Camino; inevitablemente surgiría la conversación, y no quería mostrarse dubitativo. Era una persona a la que realmente se le atragantaban las palabras si no se encontraba convencido de lo que iba a decir.

Pensar sobre el Camino le emocionaba. Muchas ideas tomaron allí una gran trascendencia que, aunque siempre sonaban bien, no les daría una mayor importancia en situaciones normales. Era el haberlas descubierto por si mismo, paso tras paso, pensamiento tras pensamiento, experiencia tras experiencia, lo que le había hecho creer firmemente en ellas, en que tendría que seguirlas para tener una vida más feliz.

Pero, contrariamente, la vuelta a la rutina iba borrando aquella explosión original de motivación, y conforme pasaban los días, cada vez se parecía más al Stilton de antes. Había roto su excelente horario de sueño y comidas; comía restos a cualquier hora para evitar cocinar, lo cual le había hecho volver a adelgazar; se acostaba a horas inimaginables, cuando ya le flaqueaban las fuerzas para tenerse delante del ordenador. Stilton pensaba en esto y se daba cuenta de que tenía que hacer algo para retomar el control de su vida.

La primera idea que recordó del Camino fue que el sistema educativo de su país no enseñaba a los jóvenes a descubrir el mundo. «Pasar tiempo sin nada que hacer con otras personas, mucho tiempo, es una fuente genial de motivación para la creación de la filosofía de cada uno. En el día a día, todos están muy ocupados y apenas pueden dedicar tiempo a aprender de las experiencias o hablar desde el interior. Como consecuencia, a menudo lo preconcebido y los complejos son los que llevan la razón. En los tratos ligeros y rápidos no hay oportunidad de generar situaciones de aprendizaje pero, por el contrario, pasar muchas horas con otros generará motivación y posibilidades de explorar nuevas conversaciones. Se podrá hablar sobre los miedos de uno, sobre sus inquietudes más profundas.»