La libertad de experimentar sin vergüenza

No debo avergonzarme de lo que siento por sentirlo. Ni tampoco por creer que involuntariamente comunico mis sentimientos a través de mi cuerpo. Mis sentimientos son parte únicamente de mi universo, y soy el único encomendado para atenderlos.

Nadie puede ser juez de lo que siento, si acaso yo. Solo tiene sentido criticar las acciones, si acaso.

Pero, a veces, las acciones derivan de lo que siento. Como dar un beso. O una mala respuesta.

¿Y las palabras? Las palabras también puedan cruzar de un mundo a otro.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer entonces?

Quizá es fácil acostumbrarse a actuar de acuerdo a las emociones. Y apuesto a que nada que salga de ahí puede ser tan grave.

Hmmm… Los celos. La guerra de Troya. La dinámica del egoísmo. Hmmm… O quizá sí. Hmmm…

Pues prueba. ¿Por qué no? ¿No debes también respeto a ti mismo? Seguro que sabes parar si la cosa se dirige a males mayores. No será tan corto el camino.

¿Por qué no confiar en que sabrás controlar el paso cuando sea necesario? ¿Por qué no confiar en ti mismo? ¿Por qué aceptar lo que hacen los otros y no confiar en que tú harás lo correcto?

Tú.