Sucedió. El encuentro sucedió. Pero no de la forma que Stilton acostumbraba a construir en sus fantasías.
Leo se había mostrado extraordinariamente amable despreocupada asertiva, nada visceral, rozando tal límite que Stilton llegó a pensar que, o bien era realmente fría, o bien estaba reprimiendo algo. Stilton se quedó las mañanas siguientes en la cama, pensando con excesiva precisión en la palabras de la conversación (las de él). Le era imposible dejar de pensar en todo aquello, y sabía que no se recuperaría hasta el final de las vacaciones, cuando entrara de nuevo en la rutina.
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La fórmula tan meditada no había funcionado, al contrario de lo que esperaba.
— Me siento muy atraído por ti —soltó suavemente Stilton, mientras descansaba sobre Leo con sutileza, inmóvil, con su frente apoyada en el lateral de la cabeza de ella. Y las emociones a flor de piel.
Stilton pensaría que quizá estaba nerviosa. Que quizá no quiso quitarle el punto de apoyo girándose. También que no quiso arriesgarse a recibir un beso en la boca. O que más probablmente vivió aquel momento suprimiendo todos sus sentidos salvo el de la mente. Fuera como fuese, sin mover la cabeza un ápice para mirarle, su respuesta fue:
— ¿Atraído en qué sentido…? ¿Sexualmente? —donde la última palabra sonó de una suerte irónica.
Stilton respondió con la primera verdad que encontró que se atrevía a decir:
— Es difícil para mí distinguir entre el límite de la parte sexual y la emocional.
Tras un rato de silencio, Stilton se sintió en la necesidad de responder de forma más concreta a aquel dilema, pero era perfectamente consciente de que no había resuelto ese tema con anterioridad:
— Por supuesto que me atraes mucho sexualmente… pero no es por eso que te digo esto.
— ¿Que sí o que no?
— Que no.
— Vale, eso es muy importante.
La conversación se alargaría algo más, pero para una temática tan escurridiza, estas palabras fueron de las pocas que ambos recordarían con exactitud. De manera muy liviana, Leo le diría a Stilton que quería estar muy segura antes de corresponder a otro. Stilton pensaría que quizá podría haberse equivocado diciendo que no quería con ella mero sexo, que quizá eso sí lo hubiera aceptado. De hecho, en la cama, a la tercera mañana desde entonces, a Stilton le fue revelado el comentario más sincero que encontraba para aquella ocasión:
«En cualquier relación que tenga contigo, nunca voy a poder dejar de lado la parte emocional. Pero lo que me ha impulsado a decírtelo, con diferencia, es mi incontrolable libido.»
Pero lo que Stilton no pensó es que, la parte a la que él refirió como emocional, se le llama más comúnmente amor. Y Stilton no estaba preparado para hacer las cosas sin amor.
