Digamos que ella se encuentra en la misma situación que yo en este momento y pasa muchísimas horas pensando en aquello que me dirá. Cuando estemos allí hablando, ¿valoraría yo todas esas horas?
En el fondo lo que me gustaría es que ella fuera muy amable conmigo y me mostrara de forma sencilla que tengo vía libre a las caricias y los besos. Pero en algún momento nos cansaríamos de besarnos y nos quedaríamos sin saber qué hacer. Me da miedo no tener nada de que hablar entonces.
Me da vergüenza pensar que la razón por la que vamos a vernos es que me gusta. Para evitar pensar eso debería argumentar que la conversación que mantendremos es lo que justifica y guía nuestra reunión, y que el amor que ha surgido allí ha sido algo espontáneo. De esta forma, comenzaría hablando con ella porque la conversación tiene sentido por si misma, de alguna forma misteriosa comenzaríamos a darnos caricias y la conversación ya no sería ya tan importante. Cuando acabaran las caricias hablaríamos de alguna cosa, no tengo ni idea de cuál, y entonces cada uno iría a su casa.
Pero a ver, si el enamoramiento lo motiva mi biología y no mi razón, ¿por qué iba a intentar comprenderlo o justificarlo mediante lo segundo?
No me da vergüenza creer que vamos a vernos porque nos gustamos, aunque cada uno lo haga de una forma diferente.
