Digamos que ella se encuentra en la misma situación que yo en este momento y pasa muchísimas horas pensando en aquello que me dirá. Cuando estemos allí hablando, ¿valoraría yo todas esas horas?
En el fondo lo que me gustaría es que ella fuera muy amable conmigo y me mostrara de forma sencilla que tengo vía libre a las caricias y los besos. Pero en algún momento nos cansaríamos de besarnos y nos quedaríamos sin saber qué hacer. Me da miedo no tener nada de que hablar entonces.
Me da vergüenza pensar que la razón por la que vamos a vernos es que me gusta. Para evitar pensar eso debería argumentar que la conversación que mantendremos es lo que justifica y guía nuestra reunión, y que el amor que ha surgido allí ha sido algo espontáneo. De esta forma, comenzaría hablando con ella porque la conversación tiene sentido por si misma, de alguna forma misteriosa comenzaríamos a darnos caricias y la conversación ya no sería ya tan importante. Cuando acabaran las caricias hablaríamos de alguna cosa, no tengo ni idea de cuál, y entonces cada uno iría a su casa.
Pero a ver, si el enamoramiento lo motiva mi biología y no mi razón, ¿por qué iba a intentar comprenderlo o justificarlo mediante lo segundo?
No me da vergüenza creer que vamos a vernos porque nos gustamos, aunque cada uno lo haga de una forma diferente.
Stilton tiene una cita
Stilton sentía el movimiento intestinal propio del que espera un encuentro con alguien del que se está enamorado. Acababa de llegar a casa tras finalizar el Camino de Santiago, y ahora escribía un email a la chica que le gustaba, Leo. Su punto principal era transmitirle cómo le habían conmocionado las experiencias vividas durante la aventura, pero no solo eso, había tomado el valor para decirle que le encantaría vivir experiencias similares con ella.
Leo respondió a su email, y ¡dijo que le gustaría encontrarse con él esta semana para intercambiar las experiencias del verano! Eso hizo que Stilton se pusiera nervioso: en las citas tenía que esforzarse mucho para conseguir transmitir sus ideas y sentimientos. Muy a menudo se quedaba en blanco.
Él era una persona muy sincera, aunque creía que no muy transparente. Tenía excesivo cuidado de no quedar mal o de incomodar a las personas. Durante las conversaciones acostumbraba a hablar únicamente cuando le formulaban una pregunta directa o porque los otros ya no tenían nada que decir. Al ser su silencio algo habitual le faltaba práctica en la conversación y a menudo no sabía qué decir. Por ello siempre hacía comentarios muy moderados que resultaban poco llamativos y que poco hablaban de qué sentía por dentro. Los otros encontraban a Stilton una persona difícil.
Pero el Camino había sido una experiencia de gran aprendizaje para Stilton. Había llegado a grandes mundanas revelaciones, y estaba convencido de que no debería costarle transmitírselas a Leo. Y sin duda, ¡hablar de cosas tan emotivas debería excitar el lado emotivo de la chica! Eso ayudaría a que tuviera más ganas de intimar con él. Decidió recordar y anotar algunos de sus pensamientos durante el camino para tenerlos frescos el día de la cita, no quedándose así sin palabras.
